Para formar un equipo trabaja con los individuos

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Por Fernando Zepeda

Esta escena bien podrías haberla vivido en algún equipo de trabajo. De repente te das cuenta que ese equipo se encuentra polarizado en tres grupos.

Por un lado, una o dos personas parecen ser las difíciles o conflictivas, esas con las que supuestamente nadie se lleva bien. Siempre que hay un problema de operación, de alguna manera, se vuelve a poner en evidencia que estas personas se colocan en un extremo, aparentemente aisladas.

Por otro lado, un segundo grupo de tu equipo se nota claramente antagonista, ubicándose en el otro extremo de los problemas. A veces también se aíslan como medida de protección. Parece haber algo entre ambos sectores que los lleva a enfrentarse una y otra vez, en ocasiones, hasta por detalles insignificantes.

La rivalidad no siempre es abiertamente agresiva. En los casos más sutiles, no pasa de discusiones frecuentes, de constantes divergencias, de reproches agrios y tensión en el diálogo. Sin embargo, hay momentos en que las condiciones pueden llegar hasta límites propios de una telenovela: unos a otros se ocultan información, inventan o propician errores en los rivales, se ponen trampas para hacerse la vida pesada y muchas otras acciones más.

Finalmente, un tercer grupo, a veces el más numeroso, parece estar a la expectativa. Se quedan observando cómo discuten o se pelean los antagonistas. Este tercer sector observa, critica la situación, pero evita tomar partido, trata de permanecer neutral pese a la insistencia de integrantes de ambos bandos de apoyarlos en sus puntos de vista.

¿Complicado? Indudablemente.

Y lo que lo enreda más es que muy pocas veces las causas de fondo aparecen claramente en los conflictos. En la mayoría de los casos, estas divisiones entre los equipos de trabajo se generan en situaciones personales y las razones son fundamentalmente tres:

  • Alguien se siente no tomado en cuenta pues se le ignora, se olvida convocarlo a reuniones, invitarlo a proyectos, preguntarle su opinión, informarle sobre cambios o acciones que se emprenden, pedir su participación activa, aprovechar su experiencia, tomar en cuenta su conocimiento, etc.
  • Una segunda causa de fondo puede ser que alguien siente que lo creen incompetente, ya que critican sus errores, ponen en evidencia sus omisiones, se señala su falta de control, se le muestra como incapaz de hacer un trabajo, sus ideas se califican como tontas, no se le permite tomar decisiones por sí mismo, se evita delegarle responsabilidades nuevas o más complejas, etc.
  • Por último, alguien se siente rechazado porque critican su apariencia, su forma de hablar, de caminar o de realizar cualquier actividad, se le expresa o hace sentir que algo de su persona no es agradable, nadie quiere que sea parte de su equipo de trabajo o extra laboral, rehúyen su compañía, suspenden su conversación cuando entra a alguna oficina o sala de reuniones, se le califica de conflictivo, sucio, “nerd”, loco, excéntrico, etc.

Mientras estas situaciones personales no son resueltas, los problemas continúan y, a veces, se incrementan. Poco se gana reuniendo a todo el equipo para pedirles que se dejen de tonterías y se pongan a trabajar, pues eso no atiende los sentimientos personales que subyacen a los conflictos.

Lo primero y fundamental es trabajar con cada persona, con sus sentimientos en relación con el resto del equipo. Primero hay que trabajar con cada uno como individuo y cuando los sentimientos están claros y cada persona haya identificado una manera de lidiar con ellos, entonces sí, es el momento de juntar a todos los involucrados y trabajar en conjunto con el grupo.

Sólo, hasta ese momento, es posible la construcción de un verdadero equipo de trabajo.

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