Pst…Pst… oye, óyeme, ¡ESCÚCHAME!

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Por Fernando Zepeda

Es un lugar común decir que escuchar es mucho más que captar sonidos con nuestros oídos. Lo que no es tan común es identificar la manera en que la escucha se convierte en una habilidad realmente efectiva.

Escuchar tiene dos tipos de componentes: los primeros se refieren a los elementos físicosque intervienen en la escucha y, los segundos, tienen que ver con la disposición psicológica para hacerlo. Por ahora platicaremos sólo de los elementos físicos de esta habilidad, dejando para otra ocasión el componente psicológico.

Física, o corporalmente, te escucho cuando te miro con atención y tanto mi rostro como mi cuerpo se orientan claramente en dirección tuya, evitando cruzarme de brazos o de piernas y manteniendo las plantas de los pies bien apoyadas contra el piso.

Básicamente estos elementos corporales sirven para demostrarte mi interés en lo que estás diciendo y eliminar barreras que puedan estorbar la comunicación entre nosotros.

Si no te miro a los ojos, puedo darte la impresión de que estoy más interesado en algo distinto a nuestra conversación.

Algunos de nosotros tenemos la costumbre de ver la televisión mientras nos habla nuestra pareja, o tener los ojos clavados en la computadora cuando nos aborda un empleado, en un libro, en el tejido o en cualquier otra cosa que no sea el rostro de la otra persona. Al hacer esto, le envío el mensaje de que hay algo que es igual o menos importante que él.

Otras personas acostumbramos mirar a los labios de la persona que nos habla, a su cabello, a su ropa o a algún otro elemento del que está hablando. Además de que también tiene el efecto de mostrar un menor interés en nuestro diálogo, refleja que lo estoy juzgando, positiva o negativamente, al mismo momento de estarlo escuchando.

Muchas personas, aunque no lo digan, se sentirán incómodas con este asunto. Puede haber quien, al notar tu mirada en su cabello, suponga que estás criticando su peinado o su calvicie; que si le observas la ropa, crea que juzgas la manera como viene vestido o que trae alguna prenda manchada; si miras insistentemente su nariz, que la tiene sucia; en el caso de hombres que miran insistentemente las piernas de las mujeres, ellas pueden sentirse incómodas y hasta acosadas, etc. Cualquiera que sea el objeto que miras -distinto a los ojos de tu interlocutor- quizá refleje una distracción tuya, pero lo que sí provocará, seguramente, es una distracción en quien te está hablando.

Cuando el cuerpo de quien escucha está volteado o perpendicular al hablante, puede denotar indiferencia, disgusto o tristeza ante lo que se oye. En pocas ocasiones, como cuando se mira a través de una ventana, dar la espalda al hablante es una muestra de estar reflexionando acerca de algún asunto relacionado con la conversación. Sin embargo, en la mayoría de los casos, cuesta trabajo entender qué quiere decir el que escucha al girar y no encarar a la otra persona.

Tus brazos y piernas cruzados son una señal inconfundible de actitud defensiva. Si lo que pretendes es que la persona con quien dialogas te perciba inaccesible, cruza todas tus extremidades simultáneamente al oírlo. Este hecho basta por sí mismo para provocar un distanciamiento entre ustedes, ya que hace que te veas protegiendo de sus palabras las partes más sensibles de tu propio cuerpo, es decir, tu corazón, pulmones, estómago y órganos sexuales.

Cuando quieras establecer un diálogo abierto, también deberás evitar cubrirte la boca con una o con tus dos manos. Si la tapas, estarás reflejando impaciencia por contestarle y tu deseo de que deje de hablar lo antes posible.

Una última recomendación, cuando realmente quieras tener un acercamiento en un diálogo, evita la existencia de mesas, escritorios, bardas o cualquier otra barrera física entre ustedes.

Si cuidas todas las recomendaciones que te hemos dado, evitarás que te digan: “¡LÁVATE LOS OÍDOS Y ESCÚCHAME!”.

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