¿Cómo fastidiar mi liderazgo en 10 pasos?

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Por Fernando Zepeda

Cuando tienes gente a tu cargo, ya sea porque eres el dueño de una empresa o porque ocupas una posición de jefatura, no tienes que esforzarte mucho para hacer que tu gente deje de verte como líder.

Basta con que te dejes llevar por estos 10 sencillos pasos:

  1. Recuerda que tú eres el jefe y, por lo mismo, tus subordinados están obligados a obedecerte sin cuestionar ninguna de tus decisiones. Al pobre infeliz que se le ocurra hacerte la mínima observación o proponerte una alternativa diferente, ponlo en su lugar. Demuéstrale que está ahí sólo para obedecer, al fin que para eso cobra su sueldo.
  2. Demuestra que tú eres el jefe: tú eres superior a cualquiera de tus subordinados. Eres más inteligente, tus ideas son mejores, ves lo que los demás no perciben, sabes más que cualquiera, etc. Por eso TÚ eres el jefe y no otro. Los demás son muy pequeños a tu lado. Nunca te rebajes a trabajar con tus empleados. Tú ya tienes otro nivel. Jamás les cedas el paso, siempre úsalos de chofer, nunca comas con ellos, nunca te ensucies las manos trabajando en sus cosas, etc. Concédete todos los privilegios que puedas por encima de tus subordinados. Tiene que ser clara la diferencia entre tú y ellos.
  3. Para que la gente te sea fiel, compra su lealtad. Debes hacer que te deban favores, permisos o cualquier beneficio. Tus subordinados deben saber que están en deuda contigo permanentemente, ya llegará el momento en que paguen su deuda.
  4. Trata a tu gente viviendo intensamente estos 4 principios clave:
    1. Ten favoritismos, según te caiga la gente. Los que mejor se adapten a tu forma de ser deberán disfrutar de más permisos, de mayor tolerancia ante sus errores, de una disciplina más relajada, de un mejor sueldo, de más oportunidades de ascenso, etc.
    2. Recuerda que al trabajo no se va a hacer amigos y que la gente que está en la oficina no merece ninguna muestra de afecto ni de interés en ella. Jamás te intereses en nadie como persona, son empleados solamente.
    3. Cuando algún imbécil se equivoque –siempre y cuando no sea de tus consentidos- asegúrate de que lo va a comprender en todas sus letras. Puedes usar alguna de las siguientes frases como modelo: “¡Qué estúpido eres!” o “¡No pensé estar trabajando con retrasados mentales!” o “¿Te lo repito despacito o tu cerebro no da ni para eso?”.
    4. Duda siempre de ellos. Hay dos lemas que debes apropiarte: “Te tienes que ganar mi confianza, porque de entrada no confío en ti”; y “Piensa mal y acertarás”.
  5. Nunca hagas reuniones informativas con tu gente. Siempre hay mucho trabajo como para perderlo en tonterías. Ellos sólo necesitan saber qué tienen que hacer. No les importa lo que estén haciendo sus compañeros.
  6. Enséñales que es más importante competir entre ellos que cooperar. Mantenlos divididos, haz comentarios negativos de unos a los otros, alienta la división; así nunca podrán organizarse para ponerse en tu contra.
  7. Jamás los capacites, ni les enseñes lo que tanto trabajo te costó aprender. Deja que ellos sufran para que valoren el conocimiento como tú lo haces. Y a la primera que se equivoquen despídelos o, al menos, amenázalos con hacerlo muy pronto.
  8. Si tienes uno o varios subordinados del sexo opuesto, debes asegurarte de que sepan que están a tu servicio, “en todos los aspectos”. Si quieren progresar deben estar dispuestos o dispuestas a poner de su parte “todo lo que se les pida” y ceder a tus deseos.
  9. No te preocupes por si dices una cosa y haces otra. Que nadie te exija congruencia, pues tú eres congruente a tu modo.
  10. En la medida de lo posible, mantén sólo para ti, el rumbo que le quieres dar a tu empresa o área de responsabilidad. Sé egoísta con la información, nunca compartas tu visión. De todos modos, ni la van a entender.

Una última palabra: no es necesario que te compliques la vida aplicando todas estas recomendaciones. Puedes seguir únicamente algunas de ellas, pero recuerda que entre más ejercites con tus subordinados, más rápidamente dejarás de ser su líder.

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