MOTIVAR va con MAYÚSCULAS

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Por Fernando Zepeda

¡No te quiebres la cabeza! Que un empleado o un equipo de trabajo mantenga una alta motivación, depende tan sólo de tres sencillos pasos. Así es la manera en que funciona la naturaleza humana. Exploremos un poco esta idea.

Lo que nos interesa a todas las personas, aunque no lo digamos o ni siquiera seamos conscientes de ello, es demostrar que somos competentes, pues este sentimiento contradice el más básico de los temores que experimentamos todos, independientemente de nuestra edad, condición social, raza o nivel educativo.

El miedo de “no ser capaz de…”, como lo denominó un prestigiado psicólogo norteamericano, proviene de lo más profundo de nuestra mente. De este miedo primario, “no ser capaz de…”, surgen todos los demás temores que los seres humanos experimentamos a lo largo de nuestra vida. Tememos que alguien sea más fuerte que nosotros y nos dé una paliza, que las crisis económicas priven a nuestras familias del bienestar de que disfrutan, que nuestro jefe decida despedirnos de nuestro empleo, que nuestra pareja se canse de aguantarnos, que nuestros hijos no sigan por el camino que los conduzca a la felicidad, etcétera.

Ese temor se encuentra vinculado con la lucha por sobrevivir, por hacer prevalecer nuestros genes por encima de los de otros individuos de nuestra especie o de otras, ser capaz de enfrentar la vida, de procrear nuestra estirpe, de ser poderosos, de tener las mejores alternativas para asegurar el alimento, de garantizar la seguridad propia y la de los que nos rodean, etc.

Cuando nos mostramos competentes, nos decimos a nosotros mismos, y a los demás, que sí podemos, que somos alguien en quien se puede confiar para asociarse con él, o a quien no hay que agredir, porque nos puede ir muy mal. Esto era tan válido para nuestros ancestros paleolíticos, como lo es hoy para los más tecnificados hombres y mujeres del siglo XXI.

Motivar consiste de tres pasos:

1. Proponerse retos que sean alcanzables, pero difíciles de conseguir.

2. Ser exitoso al enfrentar los retos, logrando alcanzarlos o superarlos.

3. Reconocerse el mérito del éxito, una vez que el reto ha sido alcanzado.

Si quieres experimentar una alta motivación: rétate, alcanza la meta y celébralo. Este sencillo mecanismo te llevará a desear enfrentar situaciones más complejas, te sentirás poderoso, satisfecho y tu autoestima mejorará notoriamente.

Por otra parte, si lo que te preocupa es la motivación de las personas que trabajan contigo, aplica la triada de la motivación cada vez que puedas.

Primero, propón a tus empleados retos difíciles pero alcanzables. A todos nos agrada sentir que tenemos un jefe que sabe más que nosotros, alguien de quien podamos aprender cosas nuevas, difíciles e innovadoras. Sin embargo, cuando nuestro jefe no toma en cuenta nuestros puntos de vista, o cree que sólo él tiene buenas ideas, o corrige siempre las sugerencias que nosotros expresamos o las acciones que emprendemos, nuestra motivación decae. Si nuestro jefe no nos permite demostrar las cosas que somos capaces de hacer, nos sentimos frustrados y creemos que nuestras capacidades están siendo desperdiciadas.

Los trabajos retantes, aquellos que nos han costado más trabajo, pero de los que finalmente hemos salido exitosos, son los que más nos gustan y de los que mantenemos un recuerdo más grato en nuestra vida. Un buen jefe sabe retar a sus colaboradores.

No basta con el reto, las personas tenemos que ser exitosas enfrentándolo y superando. Un buen jefe nos ayuda a detectar cuáles son los recursos o cualidades de los que carecemos para salir victoriosos en la tarea emprendida. A veces nos faltan conocimientos, experiencia, visión o las agallas necesarias para alcanzar el resultado. Un buen jefe estará siempre presente para apoyar a su colaborador hasta asegurar que haya logrado vencer los obstáculos y cumplido con las metas que se ha propuesto. La clave está en que el colaborador se sienta apoyado y que el mérito de conseguir el resultado ha sido suyo, no de su jefe.

Hay que cerrar con broche de oro este proceso motivacional. Una vez conseguida la meta propuesta, el jefe debe ser generoso y preciso al momento de reconocer el éxito obtenido. El jefe le expresará su beneplácito por el esfuerzo, la tenacidad o la competencia demostrada. Le sabrá decir lo que valora de su colaborador y las claves que, en su opinión,  llevaron al empleado a triunfar. El reconocimiento ha de ser sincero. No necesariamente se requiere de premios en efectivo, aunque a nadie le caen mal.

La motivación es sencilla, nadie está exento de necesitarla y su impacto siempre es benéfico para cualquier persona y organización. Sólo tres pasos: reto, éxito y reconocimiento. El reconocimiento siempre deberá ser del tamaño del éxito y éste tendrá la misma dimensión del reto. Por eso, MOTIVAR va con MAYÚSCULAS, no puede haber otro tamaño para un reto que en verdad motive.

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