¿Qué puedo hacer frente a mis riesgos?

FacebookTwitterLinkedInEmailShare

Por Francisco Monroy

Dios dotó al hombre de inteligencia, con ella le dio una bola de cristal capaz de predecir el futuro. Pero como las cosas vienen en “paquete”, también lo dotó de la libertad para decidir sus acciones, es por ello que la visión de ese futuro está un poco empañada, ya que nada está escrito y todo es posible. Nuestra visión no es tan clara como quisiéramos pues está sujeta a muchos imponderables y a muchas decisiones ajenas, pues los demás también tienen su bola de cristal y su libertad para tomar decisiones.

Sin embargo, gracias a esta capacidad de predecir razonablemente el futuro, el hombre distingue en su porvenir ciertos acontecimientos, algunos benéficos, otros indiferentes y otros dañinos.

Si el acontecimiento fuese benéfico o perjudicial, nos encontraríamos frente al azar, a la casualidad; un ejemplo es la apuesta sobre la selección mexicana de futbol: puedo ganar o puedo perder.

En cambio, cuando contemplamos que, de realizarse ese acontecimiento futuro, vamos a sufrir un daño, estamos frente a un riesgo.

Y frente a un riesgo el hombre puede actuar desde hoy, puede prevenir para que el daño desaparezca o se aminore, si llegara a acontecer.

El riesgo es la administración inteligente del peligro, lo cual implica:

–   la comprobación de una amenaza,
–   la medición de probabilidades de que suceda el evento,
–   el diseño de alternativas realistas de supresión o reducción de daños,
–   la medición de los posibles daños en cada una de las alternativas,
–   la relación costo – beneficio de cada opción,
–   su jerarquización, y
–   actuar en consecuencia.

Lo mejor que puede hacer el hombre es actuar anticipadamente para extinguir o disminuir lo más posible los daños que pre-vé (que ve anticipadamente).

En cambio, la desidia (negligencia o pereza), es decir, el no hacer nada por flojera o por descuido, frente a un riesgo que nos amenaza, puede ser perjudicial.

Para hacer frente al riesgo económico, el ser humano únicamente cuenta con 4 alternativas:

  1. El ahorro: con mi propia actividad económica actual creo un fondo de reserva para tener con qué hacer frente cuando el daño se presente.
  2. La beneficencia: es la utilización de la riqueza ajena en mi beneficio.  La limosna es una de las  modalidades de la beneficencia, pero no la única.  Existen organizaciones oficiales o sociales que lo utilizan, como por ejemplo Ficorca y Fobaproa.
  3. El seguro: consiste en compartir el riesgo con otras personas, también expuestas al mismo.
  4. La garantía y de modo especial, la fianza: consiste en trasladar el riesgo hacia otra persona.  Es decir, si el acontecimiento dañino se llega a presentar, yo no soy quien sufre el daño, sino que otra persona lo sufre: el fiador.

Para explicar el seguro, voy a comentar la mutualidad: es su origen y su fondo.

En el Renacimiento europeo, la banca y el comercio tuvieron su auge y los navegantes de Lübeck, en el Báltico alemán, decidieron crear una bolsa que les permitiera enfrentar las pérdidas  económicas ocasionadas por las tormentas y los piratas.

Un hombre inteligente se dio cuenta que era muy poco probable que los piratas atacaran a todas las embarcaciones al mismo tiempo o que éstas naufragaran por estar todas en el mismo sitio donde un tifón se presentara. La bolsa permitía al dañado tomar los fondos necesarios para  reponerse y continuar su actividad.

Cuando la administración de la bolsa se complicó, surgieron las compañías de seguros. Dando razón al significado del seguro: compartir un riesgo con otras personas que también estén expuestas a él.

Del fiador y de la fianza podemos afirmar que su necesidad se apreció desde los albores del hombre en sociedad frente a los primeros acuerdos incumplidos. El origen de la fianza fue la desconfianza o la incertidumbre ante el cumplimiento de obligaciones ajenas, es decir, en las actividades que dependen de la voluntad de otro hombre.

Si el seguro protege contra los hechos de la naturaleza o fortuitos, la fianza otorga una protección contra los actos que dependen del hombre, de su voluntad.

El Código Civil para el D.F., en su artículo 2794 dice que “la fianza es un contrato por el cual una persona se compromete con el acreedor a pagar por el deudor, si éste no lo hace”. Esto implica que la fianza es una obligación accesoria, que vive de otra obligación principal, ya que si el deudor no cumple oportunamente con su obligación, el acreedor puede exigir al fiador –la afianzadora- que lo haga en forma sustituta.

Tan es así, que ha influido en el lenguaje de manera asombrosa aunque con frecuencia nos pasa desapercibido. Según el diccionario Larousse, afianzar es “dar fianza o garantía. Reforzar. Asegurar con puntales. Afirmar, asir, agarrar, asegurar.”

En el fondo, la palabra es unívoca y todas las acepciones tienen el mismo significado: una fianza refuerza, asegura, apuntala un negocio, lo hace firme, sólido, capaz de resistir.

Si el origen de la fianza es la desconfianza, la fianza da origen a la con-fianza, a la seguridad de que el fiador hará frente al riesgo y me librará de él.

Y tú ¿qué haces frente a tus riesgos?

Esta entrada fue posteada en Riesgos y etiquetada , , , , , . Marcada a permalink.

2 Respuestas a ¿Qué puedo hacer frente a mis riesgos?

  1. Luigi Saporiti Reyna dice:

    Existe la disminucion de riesgo en las Polizas de Fianzas ? cuando el Beneficiario extiende el Acta de recepcion provisional y exige renovar las Polizas hasta emitir el Acta Definitiva , que en mi caso ha durado casi 11 meses , y he tenido que renovar Polizas de Todo Riesgo de la Obra , Responsabilidad Civil , Buen Uso de Anticipo y Cumplimiento del Contrato , con la obra terminada y la Aseguradora negandose a rebajar las tasas ?
    Gracias por vuestra opinion .

    • GFAserta dice:

      Luigi:

      Depende de los criterios con que se administra la compañía de fianzas con la que trabajas.
      En un post anterior en este blog (CÓMO PUEDO CANCELAR UNA FIANZA) publicamos lo siguiente:

      “Como contratista o proveedor, tú tienes al alcance la documentación que acredita cómo has ido cumpliendo el contrato. Los documentos serán distintos según la naturaleza de las obligaciones que asumiste. Por ejemplo, si fue el suministro de cierta mercancía, tienes copia de las entregas realizadas; si se trató de una obra, posees los avances y las estimaciones que presentaste para su cobro; o si en cambio, fue la prestación de un servicio, tienes las bitácoras de entradas y salidas o las actas de resultados obtenidos.
      Si proporcionas esta información a la afianzadora, ésta podrá evaluarla y deberá proceder a la cancelación de la fianza o cuando menos a la disminución del monto de responsabilidades a tu cargo.”

      No puedo dejar de mencionar que la fianza puede ser reclamada y que, según la redacción del texto de la póliza, ésta puede ser en su totalidad o incluso adicionando penas convenidas, por lo que no puede existir una respuesta tajante o absoluta que se aplique en todos los casos.
      Sin embargo, en mi opinión, dada la normatividad de mi país (México), y con las prácticas comerciales de la afianzadora en que trabajo, evaluaríamos los documentos que nos presenten, en este caso el Acta de Recepción Provisional, y en función de su análisis tomaríamos la decisión correspondiente. Si tu relación con la afianzadora que trabajas es de socios de negocio, es decir que se considere que ambos están del mismo lado y no enfrentados, la información proporcionada debiera tener consecuencias en el análisis de riesgo y como consecuencia en sus efectos: el monto de responsabilidades y el costo de las renovaciones.

      Saludos,

      Francisco Monroy